At night, when the stars light up my room
I sit by myself

Talking to the moon
Trying to get to you
In hopes you’re on the other side talking to me, too
Or am I a fool who sits alone talking to the moon?
Oh-oh

Talking to the moon, Bruno Mars.

Aquí estamos, te parecerá raro este video, pero no verte directamente me ayuda a decir lo que me ha pasado contigo. Es más fácil detrás de la fría pantalla del celular, o móvil, como le dicen por aquí; mi hermano sentencia que me tengo que acostumbrar a esta forma de llamar las cosas, es español, pero no el mío, el venezolano, el de mi madre y de mis amigos. En fin, no me hagas mucho caso, te mando este post personal para explicar una estupidez… bueno, no es una estupidez, es que… después de tantos años juntos, tú y yo en preescolar; tú, Jorgito y yo desde tercero, en los recreos, las fiestas de cumple, las mañanas de domingo en la iglesia y luego en el parque, éramos algo así como el trío invencible, o los chiflados del salón, sobre todo por ti, que te encantaba hacer loqueras con música. Él y yo sabíamos que siempre sería divertido estar contigo; menos las tardes de ballet, que ocupábamos jugando play en casa.

Hasta que un día, no sé, pasó algo… no llegaste a clases y aunque no era la primera vez que faltabas, nos pareció raro porque acostumbrabas a llamarnos para decirnos por qué no irías. ¿Recuerdas, Luna? Ese mismo día Jorgito tuvo una pelea con Javier, yo contaba las horas para salir corriendo a tu casa, me inventé una historia con mami porque primero me dijo que tenía que ir al mercado, y luego a no sé qué. Total, que pasamos por tu apartamento y nadie abrió la puerta, le pedí a mamá que llamara a tus padres, quería saber cómo estabas, les dejó un mensaje.

En fin, Jorgito me llamó como a las tres de la tarde, iba saliendo a su práctica de fútbol, aunque su papá casi lo deja castigado por la pelea de esa mañana; en realidad no supe en ese momento por qué se pelearon y a Jorgito le cuesta hablar cuando está molesto, así que lo dejé tranquilo. El resultado: los suspendieron a ambos; de eso me enteré cuando llamó, y claro, me acusó de no ayudarlo; estuvo medio enrollado conmigo un par de días, pero se le pasó.

Sé que estás esperando que te explique lo de la estupidez, pero los antecedentes aquí cuentan, supimos que habías salido de viaje repentinamente por una emergencia con tus abuelos y el teléfono de tu mamá estaba sin saldo, Jorgito había sido más hábil y llamó a un primo tuyo que jugaba con él en el equipo, por eso se enteró.

Pasó una semana sin poder verlos, entonces empecé a entender el rollo de estar solo, y no porque lo estuviera, mi hermano es mi compañía de siempre, además nunca ha dejado que me dé tiempo para estar triste. Pero había espacios horriblemente vacíos, te lo digo ahora porque puedo y hacer el ridículo no me importa, igual imagino tu cara de payasita llorona, la misma que ponías cuando pensabas que alguno diría algo patético con todas tus morisquetas. Extraño tus morisquetas.

Una mañana me levanté con la creencia de que amaneciste pensando en mí, lo sé, es muy loco, fui yo quien pasó la noche de tu primer nombre al segundo sin parar, haciendo planes con la luna dibujada, peleándome con las horas hasta que, simplemente y porque sí, me descubrí en mi derrota, absolutamente enamorado, atontado, imaginé que tú también estabas pensando en mí, y como yo, habías padecido del mismo hechizo que encanta a todos en algún momento. Pero no fue así, dos días después, en el recreo, me llamaste aparte, y me contaste que te gustaba alguien, sí, no era yo.

Fui con Jorgito para hablar sobre tu confesión, me dijo que ya lo sabía, por eso la pelea con Javier, él pensaba que estaba defendiéndote; pero no le confesé que me gustabas, simplemente me dio pena, lloré como nunca esa noche, no había ninguna luna en el cielo, por cierto. De nuevo te perdiste, estudiamos juntos claro, pero los recreos y mañanas de domingo cambiaron, empezamos a ser dos chamitos comunes jugando play.

Luego vino lo del encierro y el miedo colectivo a la muerte; la vida era muy simple, mañanas de colegio, las tardes de tareas y juegos con Jorgito, las noches con mi familia, especialmente con mi hermano y su música; pero el encierro nos cambió la vida. El celular y la laptop que nos asignaron en casa para las tareas eran las únicas vías para llegar a otros, y mi hermano siempre se quedaba con más tiempo.

Cuando les dije que saldríamos del país en unos días, te vi llorar por primera vez, y no pude abrazarte, la verdad es que Jorge también lloró, pero él siempre llora, tú no, eres la más fuerte de los tres. Entonces pensé que tal vez sí me querías más… tú sabes, como novio. Y que lo de Javier era una etapa, y eso me dio cierta esperanza. Ahora sí que se lo conté a Jorgito, y él me llamó gafo porque tú seguías con Javier. Esa noche lloré viendo el cielo, tampoco había luna, algo que agradecí, los cielos no volverán a tener brillo, me dije.

Ya vez, Luna, de esa estupidez quería hablarte… la noche antes de nuestro vuelo humanitario a nuestra nueva casa, llamaste como a las doce…

 ¿Entonces te vas? -Dijiste. Respondí rápido y simple: Estamos muy emocionados y ninguno ha dormido. En realidad pasaban cosas, entre el miedo de no poder salir del país por las circunstancias que ponían en riesgo a mi madre y el temor de papá por los controles de la pandemia, no dejaban espacio para el sueño. Hablamos de las clases en línea, de Jorge y sus posibilidades de pertenecer a una liga, de mí y España, hablamos de todo lo que pudimos hablar… no hablé de lo que sentía.

Pero tú sí, Jorge te había mandado un mensaje para decirte que yo estaba enamorado de ti. Él nunca supo mantener secreto entre los tres, es terrible para eso, no sé por qué confié en él, bueno, ya es demasiado tarde y hay mucha distancia para reclamarle. Lo negué, por su puesto, me sentí demasiado expuesto y luego hablamos de otra cosa.

Por eso el video, para decirte que sí, que es cierto, pero eres una luna fugada, ¿entiendes?, y ahora… ahora tengo que aprender a hablar de nuevo español, a ver las cosas como las ven aquí. Te digo, tal vez si miro al cielo y encuentro una luna, quizás tenga nombre nuevo, ojalá que no se llame luna.

PD. Jorgito está pendiente con tu prima Elisa, con este dato quedamos a mano.

Un abrazo.


© 2021 César Velásquez, texto e imagen.

César Leandro Velásquez ejerce como docente en el área de Lengua y Literatura en niveles de Educación Media General y Universitaria; también es escritor y apasionado de las artes escénicas (área en la que incursiona eventualmente como dramaturgo, actor o director). Vestido de sombras, de la Editorial Bid&Co (1994) fue su primera novela; siguió De alas de plomo y otras soledades, título que reúne sus primeros relatos (Producciones Rondalera, 2013); su publicación más reciente es la novela Cielos de agosto (2019) de la editorial FB libros.