Decía cosas que no gustaban. No decía lo que querían.

Oían, pero no escuchaban…

A pesar de que se reunían muchos para oírle, la mayoría meneaba la cabeza y se iba, ignorándole y conversando de otras cosas…

Hasta que un día, el día señalado, la multitud decidió que era suficiente, que había que acabar con él y votó por el otro candidato, que decía lo que todos querían oír…

Tiempo después, vino el lloro y el crujir de dientes.