De niño, tenía una pesadilla recurrente y era aquella donde se iba a levantar de la cama, poniéndose las zapatillas y de pronto, al buscarlas debajo, se encontraba con algo frío y duro, que resultaba ser un cocodrilo dormido…

Siempre se despertaba agitado, asustado y sudando; con cautela, echado boca abajo, atisbaba y sus zapatillas estaban allí, pero nada más… Tardaba en volverse a dormir y en la mañana, a la hora del desayudo, su padre lo miraba diciendo: “¿Otra vez volviste a soñar con el cocodrilo …? Él asentía, tomaba su desayuno rápido y subía a su cuarto, para revisar por enésima vez debajo de la cama, donde las zapatillas solitarias, parecían esperar sus pies desnudos, para ir al baño. No solamente no había ningún cocodrilo, sino que hasta el polvo estaba ausente, por la dedicada limpieza diaria, que por si acaso hacía…

Una mañana, no bajó a desayunar y al rato, su madre, pensando que se había quedado dormido, subió a despertarlo, pero su cama estaba deshecha y vacía… Ella lo llamó varias veces, cada vez más alarmada, hasta que miró debajo de la cama, donde el niño dormía, abrazado a un dragón verde, de peluche…

Imagen: libreriamateoyleo.cl