(El árbol de tamarindo se mueve en silencio detrás de la ventana. Las pequeñas hojas, como vibrantes lentejuelas, reclaman su propio vuelo para trazar líneas hacia otras alturas).

Paso horas entre noticias y diferentes quehaceres domésticos obligatorios… las comidas, la ropa, las interminables telas de araña. Pero sobre todo, las noticias. Como grandes protagonistas del día: las noticias. Noticias y más noticias. Al parecer, el mundo no tiene solución. Perversiones políticas, dementes sexuales, un panorama geopolítico aterrador, agresiones al ambiente, sistemas de gobierno autoritarios, nuevas enfermedades, amenazas nucleares que se creían superadas. Una inundación en China, un huracán en Florida. Un volcán en erupción. Un tren se vuelca en la India… corrupción en una alcaldía, el vecino no tiene como pagar la renta. Alguien lanza una nueva marca de trajes de baño, la gente hace horas de cola para el pan, un periodista preso, un científico gana el Nobel, un deportista se dopó. La reina salió de paseo con las niñas.

Nadando entre las noticias se va mi día sin poder concentrarme en nada más.

Por un instante, me quedo dormida. Escucho un ruido y me incorporo, pero no puedo abrir los ojos, porque los tengo pegados de lagañas y me pican. Me duele despegar los párpados, así que con los dedos fuerzo lentamente la apertura. Voy primero estirando el derecho, hasta que al fin veo algo de luz por un agujerito, mientras algunas pestañas de arriba se salen y van quedando abajo; al terminar de abrirse, veo borroso todo lo que me rodea. Es como ver a través de una tela. Luego voy con el izquierdo que está más pegado aun, como si estuviese cosido. (No entiendo por qué me pasó esto). Voy presionando y busco la manera de ponerme agua porque, fundidos como un solo pellejo, insiste en no querer abrir, es como si tuviese un pegamento que cuando se hala, parece desgarrar la piel. Logro al fin separarlos. Despierto. Fue un sueño.

Difícil abrir los ojos en un mundo así. Mejor abrirlos a otros escenarios. Trazar líneas hacia una realidad distinta… de cuya existencia, tengo también noticias.

N. B. Texto generado en el taller de literatura autobiográfica de Ricardo Ramírez Requena.


© 2021 Mildred Maury Laurentowicz, texto y acuarela.

Mildred Maury Laurentowicz es antropólogo por la UCV, orfebre y actriz de teatro. Trabaja con Teatro Altosf desde 1990 y ha participado con sus obras en festivales teatrales y giras en más de 15 países. Fundó la agrupación teatral Espiga Teatro en la Colonia Tovar con la que ha dirigido dos obras, una propia llamada La visita y otra de creación grupal, Despierta, Despierta: Acontecimientos desde el umbral. Ha dictado talleres de teatro juvenil y para adultos desde 2003 y ha escrito y dirigido unas veinte obras de teatro breve para jóvenes. Ha escrito artículos de patrimonio para la revista IAM Venezuela y ha sido correctora de textos para las ediciones del Centro Latinoamericano de Investigación y Creación Teatral (CELCIT). Es creadora junto a José Luis Rosales de los podcast De Letra en Letra, y es autora del libro inédito Cuentos cortos para Eugenia. Realizó un taller corto sobre el cuento con Ángel Gustavo Infante, en Vox Nóvula y participa en el Taller de Escritura Autobiográfica de Ricardo Ramírez Requena.