En MasticadoresVenezuela&Colombia publicaremos esta semana Microrrelatos. (los editores)

Por Alicia Trujillo

Dígale Padre, que la quise mucho. Tan grande ha sido mi amor por ella, que me hice pequeño, casi insignificante, para dejar espacio a este sentimiento que ella me despertaba. Y ese ha sido mi error, no saber poner un límite al amor. ¡Quién me iba a decir que la expresión más elevada del ser humano requiere de límites! Por favor, dígale al Señor que no quise hacerla daño, pero es que su amor me estaba asfixiando. Me sentía atrapado en sus interminables celos. Éstos envenenaron la pureza de nuestra relación ¡y de su espíritu! Tuve que hacer algo, Padre. No vi otra solución. Me tranquiliza saber que ahora está bajo la protección y el calor de Nuestro Señor, que en su infinita misericordia podrá guiarla para reencontrar la paz que perdió en la tierra. Dígale Padre, que me perdone. Mi única intención era liberarnos a los dos del sufrimiento.