Estaba acostumbrada, porque desde pequeña, la mayoría de la gente pronunciaba mal su nombre; no eran como su papá pintor y su mamá modelo, que siempre que podían estaban corrigiendo a parientes y amigos…

Estaba acostumbrada a llevar un nombre que a los demás les parecía tan raro, que se la quedaban mirando perplejos, como incrédulos…

Estaba acostumbrada y creció y tuvo que explicar lo de su papá pintor; en realidad, nunca le molestó lo del nombre y se sentía diferente de tantas Marías, Beatrices o Rosas, nominalmente hablando…

Su propio negocio, empezó con el nombre, que decidió fuera el suyo, pero pensando, y aunque estaba acostumbrada a él, se acordó que muy pocos lo pronunciaban bien; entonces se decidió por una solución que le pareció salomónica, aunque sonara raro…

B & G DULCES” abrió sus puertas y fue un éxito, a pesar del nombre extraño, que los clientes creían eran las iniciales de los dueños. Pero el dueño –la dueña- era una, solamente ella: Beige Rodríguez.