La primer carta aparecida de Verónica Boletta pueden consultarla em Link, hoy publicamos la última _el editor.

La Plata, 3 de abril de 2018

De mi mayor consideración:

Quería hablar con vos. Digo quería como quien dice quise. Estuve barruntando la idea todo el día. El trabajo arrasó con mi tiempo. Una reunión sucedió a otra. El teléfono no dejó de sonar. Todas las aplicaciones notificaban sus urgencias. El día se pasó volando. Mi ánimo ensombreció. Pensé en llamarte. Quizás hubiese sido lo mejor. Al menos no me hubiese sentido el cobarde que huye tras una nota. Así soy. Un defecto más de los muchos que me conoces; otra flaqueza que manche a este tigre, ¿qué más da? «Quise hablar con vos» equivale a tengo algo que decirte. Lo diré más allá de tus opiniones. Te escribo para exponer mi punto con todo el egoísmo del que soy capaz. No me interesan tus razones.

Esta relación se fue al carajo. Literariamente, al garete. ¿Ves? No me quedan fuerzas para las declaraciones altisonantes. A la mierda con lo políticamente correcto que tanto te gusta. Sí, sí. A mí también me gustaban nuestros intercambios epistolares de estilo rococó y nuestras charlas. Duró lo que tardaron en parecerse a conferencias de sociólogos, a paneles de presentación de tesis, a… ¿para qué seguir? Podrás decirme que teníamos buen sexo. Es cierto. Nunca antes mi performance fue tan elevada. De las marcas insuperables a admitir que no tenemos otro ámbito de encuentro hay un paso. Si no nos hubiésemos empeñado en transformar en amor nuestra electricidad sexual bien podríamos continuar con nuestros encuentros higiénicos. No quiero sonar irónico, no más de la dosis que ya sabes acompañan estas líneas. Somos acróbatas en el intercambio de fluidos y unos pobres chapuceros en todos los demás casilleros. Ya nos tachamos la doble. ¿Qué nos queda? Ni intentes esbozar un listado. Tarde piamos. Debí marcharme, recoger mis petates y poner pies en polvorosa la primera vez que dijiste: «Tenemos que hablar». En esa ocasión caí en las redes pegajosas del pseudo romanticismo que nos expulsó hasta de sus arrabales. No hay segunda. Aquí me planto.

Me fui, che. Comencé esta nota con una despedida compungida y la termino convencido de esta solución inmejorable. Algo te quiero, sin embargo. Para concluir me copio de la carta que le enviaron a Sophie Calle:

Cuídese mucho.

Saludos cordiales,

Z