Este artículo se publica conjuntamente en Masticadores.com & MasticadoresVenezuela&Colombia (el Editor)

Carta desde el Río Bravo a ti, si quieres oírme

Quizás preguntes, tú, quienquiera que seas leyendo esta carta, por dónde escapamos a una nueva vida. Por el Río Bravo, sí, ese es el río que cruzamos. Pero, ¿a una nueva vida? ¿Querrás decir, quizás, a otra vida? ¿Y cómo se comienza esa otra historia? ¿Qué hacemos con la que permanece detrás? ¿Fundirla con los desperdicios dejados por los miles que franqueamos esta agua en busca de esa existencia, novedosa o renovada, al otro lado del río? ¿O la arrastramos con nuestros pies en el agua a ver si sirve de algo cuando alcancemos la orilla opuesta?

Dirás que es la orilla de la libertad. ¿Cómo sentir liberación si llevamos adherido a la piel el fantasma de las raíces dejadas detrás? Mira bien y verás que somos arbustos arrancados de la tierra caliente del sur para ser replantados en una tierra fría del norte. Quizás pienses que somos como muchos otros que atraviesan ríos, océanos, desiertos, bosques para continuar viviendo. Si, así es. Vivir para tocar la tierra en la otra orilla del río es lo que da impulso a nuestros pies. Un existir sin un antes y sin un después que sólo abarca permanecer vivo para no cesar el andar. 

Te oigo preguntar qué hago con mi equipaje. Yo soy él. Lo que haya poseído o esté por poseer no tiene uso en este río. Ya en la otra orilla, si llegamos a ella, meteremos quien sabe que en una nueva maleta. Pero lo primero a guardar allí será la memoria de los que quedaron detrás, unos ya bajo tierra, otros condenados a caminar sobre ella porque no tienen manera de salir.  Estos que no cruzan el río con nosotros necesitan la misma valentía que los que caminamos para alcanzar la otra orilla del Río Bravo.

Lee esto y, luego, que el resto del mundo lo lea también.

Uno mas cruzando el Río Bravo