El frío se hace cada vez más penetrante, pero ella ha dejado de consultar el clima desde hace ya muchos días. A pesar de que todos van súper abrigados en la calle, su atuendo es el mismo que usaba cuando el sol dejaba verse con alguna frecuencia.

Los árboles también están a medio vestir, las hojas en el suelo anuncian que ha pasado ya su tiempo de esplendor, y que para recibir la suerte de fría reprimenda que les traerá el invierno, es mejor estar completamente desnudos y asumirlo con toda la entereza posible.

Amanda llevaba las manos en los bolsillos de su chaqueta rosa, la misma que usaba para salir a correr cuando dejaba a Fernando plácidamente en la almohada de al lado de la de ella. Eran días buenos esos, en los que parecía que tocar el cielo con las manos era posible. Una noche de pasión y una mañana de ternura era suficiente para mantenerle lleno el corazón todo el día.

Sin embargo, ahora camina con los puños apretados y la brisa helada golpeándole las mejillas. Como quien quiere beberse de a poco el frío, a fin de que la vida misma se congele.

Él se marchó, sin explicaciones, sin peleas, sin que existiera una causa aparente para hacerlo. No sirvieron de nada los tres años de novios y los dos de casados. Cinco años amando a alguien que termino siendo un desconocido, y que se había llevado con él, lo mejor que ella había sentido en todo su vida.

Pensó en cuanto leyó su nota de adiós, que no podría soportarlo. Le llamo insistentemente sin obtener una respuesta; le escribió al menos quinientos mensajes por WhatsApp en menos de una semana, pero el silencio y un bloqueo fue lo que obtuvo. No había nada que hacer, él así, nada más m, la dejó.

Ya han pasado seis meses de aquello, pero el dolor sigue siendo el mismo y la incertidumbre de no saber: —¿Qué que fue lo que hizo mal? la embarga.

Así transcurren los días, asistiendo al trabajo como medida de escape ante tanta desilusión, sin lograrlo. Alguien le ha dicho que lo ha visto, también solo; es decir que no la ha dejado por otra; sin embargo eso complica un poco más sus pensamientos; porque, “¿si no la dejo por otra persona, porque lo hizo?” Y es una pregunta que no deja de venir una y otra vez a su mente.

Y las noches, como será en apenas un rato; son un escenario oscuro donde caminar sola, dejándose azotar por el frío es como un alivio absurdo para que el dolor salga. Las lágrimas casi que se congelan sobre sus mejillas y aún así no se inmuta. Pareciera que junto a la despedida que no tuvo de su amado, también las ganas de vivir se marcharon a algún lado.

Las explicaciones no llegaron, el vacío vino a quedarse como inquilino permanente en su corazón. Hasta que alguna vez vuelva a salir el sol nuevamente y brote la esperanza que permita renacer el sentimiento que ahora parece imposible. Mientras tanto, camina sola…